-Agresividad del Gato hacia el Perro con el que convive - Consultora Felina
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-Agresividad del Gato hacia el Perro con el que convive

Agresividad del gato hacia el perro con el que convive

A menudo ocurre que por distintas razones que más abajo comentaré, la relación del gato o gata de la casa con el perro con el que convive da un giro y se vuelve hostil. No entendemos nada. Para nosotros es incomprensible que una relación que nos parecía hasta el momento equilibrada, de repente se convierta en una batalla campal.

Hay varios factores que pueden dar lugar a esta agresividad felina.

Algunos factores pueden ser orgánicos, es decir, el gato o gata pueden estar enfermos y tener dolor, y nosotros no lo sabemos, pueden tener algún problema de tiroides, o incluso neurológico. Es necesario poder descartar estos factores, si sospechamos que puede ser lo que ocurre.

Si estamos absolutamente seguros que no se da ninguna de las circunstancias ambientales que más abajo indico, entonces lo primero será descartar una causa orgánica que dé lugar a esta agresión. Lo habitual es que si la causa es orgánica, el gato o gata también reaccione de modo hostil al acercamiento o el contacto con las personas con las que convive.

 

Como en otros problemas de conducta, las probabilidades de que los gatos o gatas que tienen esta conducta sean gatos únicos, criados como gatos solos desde bebés, y con los que no se ha tenido una relación de respeto por parte de las personas, ni se han cubierto sus necesidades etológicas, son altísimas. Habitualmente todo ello se hace por falta de información, por no ser consciente de cómo afecta todo ello al equilibrio del gato, y cómo el gato no ha aprendido a gestionar sus situaciones de estrés.

Esta suele ser mayoritariamente la base de la conducta de agresión de un gato a un perro con el que ya se convivía. Gato único no equilibrado, con sus necesidades básicas de felino no cubiertas.

 

Los factores que son ambientales o conductuales que pueden dar lugar a la agresión del gato al perro suelen ser:

  • Falta de espacios verticales en el hogar donde el gato pueda estar separado del perro, en lugares de uso propio.
  • Hogares en los que los gatos no tienen cosas de gatos. No son perros pequeños a los que no hay que sacar a pasear. Tienen otras necesidades muy distintas que hay que cubrir.
  • Hogares con muy poca estimulación ambiental hacia el gato.
  • Hogares donde los perros tienen todo el protagonismo, los privilegios, e incluso impiden al gato o gata el acceso libre a distintos lugares de la casa, o a poder jugar, comer o usar el arenero libremente.
  • En el caso de gatos muy miedosos e inseguros, perros que un día se recogen de una peluquería canina, o de su estancia en el veterinario, y ya no tienen el olor de “el perro que convive conmigo”, convirtiéndose en un animal intruso desconocido.
  • Gatos que han estado tiempo en el veterinario ingresados, o han sufrido una intervención quirúrgica, y vuelven a casa con un nivel altísimo de estrés, y el perro pretende jugar o interactuar con ellos, de manera casi siempre invasiva.
  • Intervención por parte de las personas con chillidos, movimientos bruscos, y castigo al gato cuando este pone sus límites de acercamiento al perro.

Es importante ser conscientes de que lo que nosotros podemos ver como ganas de jugar de un perro, casi siempre es visto por el gato como una invasión de su espacio de seguridad. Un gato no ataca si no siente miedo y no hay posibilidad de escape.

El gato es el animal que más nos enseña el Respeto. Si le respetas, él respeta y la convivencia es buena. Si no le respetas, seas persona o perro, la convivencia va a cambiar, porque él lo que quiere es un “vive y deja vivir”, y no es lo que tiene.

 

 

 

En hogares donde hay gatos estables, equilibrados, con sus necesidades como especie distinta al perro cubiertas, junto a perros adiestrados, respetuosos, no invasivos, nunca se producen agresiones interespecies.

Cuando cualquiera de los factores que pueden dar lugar a la agresión aparece, hay que intentar frenarlo lo antes posible, ayudar a  que el gato o gata se encuentre mucho mejor, realizar los cambios que en cada caso sean necesarios, conseguir que haya equilibrio en las relaciones, y que el gato esté feliz.

El gato no habla, pero te lo cuenta todo. Una agresión siempre tiene una historia de miedo o necesidad no cubierta detrás. Averiguamos qué es lo que le falta al gato, y si hay que modificar pautas con el perro, y la relación mejorará.

 

Pura
consultorafelina@hotmail.com
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